En la antesala del debate de la reforma de la Ley de Tierras en el Senado y de la movilización convocada para este jueves 6 de agosto frente al Congreso, Matías Oberlín reconstruye la estrategia de comunicación que convirtió un mapa interactivo en una herramienta para disputar el debate público.

En tiempos donde buena parte de los análisis sobre comunicación política coinciden en señalar que las nuevas derechas tienen una especial capacidad para fijar agenda e imponer marcos de interpretación — una discusión presente, entre otros, en “Los ingenieros del caos”, de Giuliano da Empoli — , la experiencia del Observatorio de Tierras ofrece un recorrido diferente. Sin grandes estructuras, sin campañas millonarias y con herramientas digitales elementales, un grupo de investigadores consiguió que un tema históricamente relegado como la concentración y la extranjerización de la tierra irrumpiera en la conversación pública.
El punto de partida fue un mapa interactivo. Pero detrás de esa herramienta hubo una decisión política y comunicacional: dejar de producir información únicamente para especialistas y construir un dispositivo que cualquier persona pudiera consultar. En esta conversación, Matías Oberlín reconstruye cómo nació el Observatorio y qué aprendizajes dejó el proceso de instalar un tema que parecía reservado a ámbitos académicos.
La historia del Observatorio no empezó con el anuncio del Gobierno. Detrás del proyecto ya venía trabajando un grupo de investigadores nucleados en el Programa de Investigaciones sobre Historia Agraria de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires. Historiadores, sociólogos y otros profesionales de las ciencias sociales llevaban tiempo estudiando los procesos de concentración y extranjerización de la tierra cuando la coyuntura política aceleró una decisión que ya venía madurando
“Nosotros veníamos trabajando este tema desde hacía bastante tiempo. No era nuestra línea principal de investigación y muchas veces implicaba, literalmente, robarle horas al sueño”, cuenta Oberlín. La preocupación por la concentración y la extranjerización de la tierra ya estaba presente, pero el anuncio del Gobierno de impulsar la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, que entre otros puntos propone modificar el régimen de la Ley de Tierras, modificó el escenario político. “Entendimos que había un momento distinto. Ahí decidimos crear el Observatorio”, recuerda Matias.
La decisión fue inmediata. La pregunta dejó de ser qué investigar y pasó a ser cómo comunicar esa investigación:
“Queríamos una herramienta científica, pero también didáctica y política. Si el Gobierno iba a instalar la discusión, lo importante era que toda la sociedad tuviera acceso a esos datos”.

No deja de ser una paradoja que mientras desde distintos sectores del Gobierno se cuestiona la utilidad de las ciencias sociales y de la universidad pública, una investigación nacida en ese ámbito logró instalar un debate que hasta hace pocos meses permanecía prácticamente ausente de la agenda nacional.
La respuesta no fue un paper ni un informe técnico. Tampoco una base de datos pensada para especialistas. “No queríamos un Excel interminable”, resume. La apuesta fue construir un mapa interactivo donde cualquier persona pudiera recorrer su provincia, identificar quién concentra la tierra y sacar sus propias conclusiones. “Lo más potente terminó siendo justamente el mapa. Los informes sirven para periodistas o investigadores, pero el mapa permite otra cosa: cualquiera puede entrar y entender qué pasa en su territorio. No queríamos dar todo masticado.” nos comenta Oberlín.
Más que una decisión tecnológica, fue una decisión política sobre cómo comunicar el conocimiento. Hay allí un eco de una tradición del pensamiento nacional: si Raúl Scalabrini Ortiz y Arturo Jauretche insistían en explicar con claridad problemas complejos para ampliar el debate público, el Observatorio hizo un movimiento parecido al transformar una base de datos en una herramienta que cualquiera pudiera recorrer sin intermediarios.“Confiamos en que, cuando la información está bien presentada, la gente puede interpretarla por sí sola…la clave fue tener la información adecuada, actuar en el momento indicado y poner esos datos a disposición cuando la sociedad empezaba a hacerse preguntas sobre este tema” dice Oberlín.
En un contexto donde los algoritmos parecen favorecer la velocidad antes que la complejidad, el Observatorio eligió un camino austero. “Nosotros tiramos una botella al mar”, recuerda. La botella era un Blogspot, una infografía realizada con herramientas básicas, un mapa interactivo y un primer informe. “No hubo una gran estructura detrás de eso.”
La experiencia también resulta significativa en un contexto donde el aporte de las ciencias sociales y de la universidad pública es frecuentemente puesto en cuestión. El Observatorio nació precisamente desde ese cruce entre investigación académica, producción de conocimiento e intervención pública. Lo que ocurrió después superó cualquier expectativa. Primero aparecieron radios comunitarias y medios locales. Después comenzaron a replicarlo periodistas y organizaciones de distintas provincias. Más tarde llegaron los medios nacionales y, finalmente, la repercusión internacional.
“Fue un recorrido muy particular porque no fue del centro hacia la periferia, sino exactamente al revés”, señala. Cada comunidad encontraba en el mapa algo que la interpelaba. “Permitía reconocer situaciones específicas, identificar procesos que muchas veces quienes viven en esos lugares ya conocían, pero que nunca habían estado sistematizados.”
La circulación del mapa produjo además un efecto inesperado. La herramienta dejó de ser únicamente un repositorio de información para convertirse en un espacio de producción colectiva de conocimiento. También aparece otra imagen poco habitual en la política argentina: un equipo interdisciplinario de investigadores, especialistas y militantes que, lejos de construir una referencia personal, puso el conocimiento colectivo en el centro de la escena:
“Empezaron a aparecer grupos de distintas provincias que nos escribían para aportar información, corregir datos o sumar investigaciones propias. Hubo personas que comenzaron a investigar el tema a partir del mapa.Incluso hoy estamos publicando informes específicos construidos con esos aportes. Se empezaron a mover muchas cosas alrededor del Observatorio.”
El mapa dejó entonces de ser un producto terminado para transformarse en una plataforma abierta que articula investigadores, organizaciones y actores territoriales. Esa apropiación social terminó ampliando el alcance del propio Observatorio y fortaleciendo la información disponible.
La experiencia también discute una idea bastante instalada: que para disputar agenda hacen falta grandes recursos o sofisticadas estrategias de marketing. El Observatorio nació con un Blogspot, una infografía y un mapa interactivo. La diferencia estuvo en encontrar una forma simple de hacer visible un problema complejo.
El recorrido del Observatorio también funciona como una defensa, en los hechos, de la universidad pública y de las ciencias sociales: muestra que la investigación académica puede salir de las aulas, traducirse en herramientas accesibles e intervenir de manera concreta en la discusión democrática.

Lo que terminó circulando fue una conversación sobre quiénes son los dueños de la tierra, cómo se concentra ese recurso estratégico y por qué ese debate excede largamente la cuestión rural. Si el Observatorio logro instalar esa discusión, fue porque transformó una base de datos en una herramienta que cualquier persona podía recorrer, apropiarse y completar desde su propio territorio.
Esa construcción tendrá un nuevo capítulo el próximo jueves 6 de agosto. Mientras el Senado debate la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, organizaciones sociales, ambientales, campesinas, sindicales y de derechos humanos convocan a movilizarse frente a la Plaza de los Congresos para rechazar la iniciativa. El mapa que comenzó como una herramienta para ordenar información llegará a esa jornada convertido en una referencia de una discusión que ya no ocurre únicamente entre especialistas, sino también en los medios, en el Congreso y en la Plaza de los Congresos.

Maravilloso! Comencé a seguirlos cuando eran un blog y a difundirlo! Gracias por poner a disposición de todos el conocimiento