Este texto es parte de una serie de comentarios que me dio placer escribir, gracias a la invitación de la revista “Brújula”. Para quienes no leyeron la primera parte, les dejo el enlace a la columna donde presento a la autora y varios de sus títulos publicados entre su primera novela, “Bajar es lo peor” (1995), y “Alguien camina sobre tu tumba: Mis viajes a cementerios” (2013).

Hola, cómo están. Bienvenidos a esta segunda parte, final, de nuestro viaje que zarpa desde “Archipiélago” y arriba en las costas de “Las cosas que perdimos en el fuego”.
¿Debería empezar por el principio? Creo que es una buena ocasión para recordar que “El final es donde partí”. Por eso, he decidido comenzar este encuentro con el último libro publicado de Mariana Enriquez por la Editorial Ampersand en 2025: “Archipiélago”, una hermosa bitácora de lectura. Uno de los pocos libros de la autora que no es espantosamente bello, sino deliciosamente hermoso, un acto de generosidad, un compartir íntimo de recomendaciones, reseñas y reflexiones. Momentos de su vida que fueron marcados por libros.
¿Qué es la vida para una lectora apasionada y prolífica sino la suma de sus experiencias atravesadas por sus lecturas?
En una entrada de diccionario encontré la siguiente definición: “Archipiélago, grupo numeroso de islas cercanas entre sí en una masa de agua, océano, mar, lago o río. Se forman principalmente por actividad volcánica, erosión de masas continentales, sedimentación y, a veces, por elevación del nivel del mar tras glaciaciones, creando entidades geográficas únicas con un origen geológico común”. Y entendí la sinapsis que la metáfora del título provoca en el cerebro y la hermosura que implica pensar con libros.
La frase que más me impactó fue: “Cuánto será lo que no hago, lo que dejo de lado, lo que me pierdo, porque decido leer”. Para quienes no les gusta el horror y no se acercaron a Enriquez, este es un libro de amor, no de terror. Una oportunidad para tomar nota de textos pendientes. La posibilidad de vernos reflejados en retazos de espejos de agua.
Hallar en pequeños islotes la coincidencia de haber habitado un mismo espacio en algún momento. Trascender la individualidad de la porción y encontrarnos en el conjunto del inconsciente colectivo.
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En este viaje literario, están invitados a recorrer “Archipiélago”(2025), “Un lugar soleado para gente sombría” (2024), “Nuestra parte de noche” (2019), “Ese verano a oscuras” (2019), “Este es el mar” (2017) y “Las cosas que perdimos en el fuego” (2016). Y he tomado una decisión, teniendo en cuenta la palabra de algunos de los lectores de mi columna anterior que expresaron su deseo de despertar la curiosidad para acercarse a un texto. Es por eso que creo que no es momento de quemar las naves y, sobre “Un lugar soleado para gente sombría”, su último libro de cuentos, y “Nuestra parte de noche”, su última novela, solo diré que los considero su obra maestra, el estadio más alto de los temas recurrentes tanto en la narrativa breve como extensa de Mariana. Esta decisión no me exime de batallar mediante la escritura por lo que, por supuesto, dejaré algunos recursos para remar en la vasta obra de Mariana, que requiere de muchas horas de lectura que no todos hemos decidido elegir todavía.

“Ese verano a oscuras” (2019), una nouvelle ilustrada con un estilo único y evocador de carpeta colegial de plástica, cortesía de Helia Toledo. La historia nos transporta a fines de los años 80, cuando la crisis energética nos llevaba a vivir al ritmo de los cortes de luz programados por el gobierno. La narrativa sigue a dos amigas adolescentes que viven en un barrio de monoblocks, donde la mediocridad y la violencia parecen ser el pan de cada día. La autora logra capturar la esencia de una época marcada por la desazón y el anhelo de escapar. Los amigos que se morían por el VIH, los adultos que daban vergüenza… todo parecía confabularse en contra de la esperanza. Sin embargo, en medio de la oscuridad, la voz que narra nos ofrece una epifanía reveladora: la posibilidad de salir del pozo, de crear algo nuevo, de imaginar un futuro diferente. Solo hace falta abrir los ojos, desearlo con intensidad y encontrar los recursos para hacerlo realidad. Aunque no todos tenemos la misma oportunidad, la novela nos recuerda que la esperanza siempre es anhelo de lo posible.
Animaciones de Helia Toledo para Ese verano a oscuras, de Mariana Enriquez
Si llegaron hasta acá, podemos sumergirnos en “Este es el mar” (2017). Me sorprendió. Es diferente. Un tipo de horror con alas de hada, un relato oximorónico que combina la ingenuidad con el terror. La autora textual parece obsesionada con las muertes anticipadas que rodean a sus ángeles del rock, como Kurt Cobain, Sid Vicious, Elvis y John Lennon, y en esta historia, la víctima es James Evans, elegido por el “Enjambre” de espíritus que propician estas muertes. “Este es el mar” es un relato maravilloso por su género, que explora el erotismo tanático a través de la sal de los fluidos vaginales y los llantos excesivos de las fans, en tensión con el desborde de los muchachos bellos que intentan liberarse en el sudor de su cuerpo en cada show. Esta tensión, llena de vida y muerte, debe terminar en un final trágico y sorpresivo para convertirse en leyenda y mantener ese aroma a sexo que sigue atrayendo a quienes se sienten interpelados por sus discos. Como el mar, agua salada, que atrae por su furia y por su calma.
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Vamos llegando a puerto con mis últimas palabras para mi escritora favorita y echando anclas en “Las cosas que perdimos en el fuego”.
Publicado en el año 2016, es un libro de cuentos que nos desvela a partir del horror cotidiano. Cuentos como “El chico sucio” nos pone el foco de la mirada en lo que todos los días naturalizamos mirando para otro lado. Nos chanta en la cara que somos esa humanidad que nos pasamos diciendo que no queremos ser. Aparece también en su libro la narración de la hipocresía en la relación entre madres, padres e hijos, donde prevalece lo que hay que mostrar por sobre el amor.
¿Decime si eso no es trauma y horror afectivo?
Es un libro de espanto a… sentirse despreciado, culpable, violentado, y tener que ocultarlo. Al menemismo y la destrucción de un sector de la juventud que se evade y es succionada por el mundo de las drogas y el fantasma del SIDA. Quienes entrábamos en la adolescencia en los ’90 vimos carcomerse los cuerpos de muchos de nuestros coetáneos. No les voy a contar todo el libro, pero sepan que son cuentos que llevan la violencia intrínseca en cada trama, por eso se sienten como una bofetada.

Mariana Enriquez ha expresado en varias entrevistas que la literatura de horror, para ella, no surge de lo puramente fantástico, sino que expone los terrores que ya existen en la realidad, como la violencia, la impunidad o los traumas sociales, distorsionando lo cotidiano para revelar lo espeluznante que está oculto. Para ella, los horrores reales son incluso más aterradores que los imaginarios, y su obra busca justamente conectar con esa realidad latinoamericana y sus fantasmas, usando el género para explorar lo que nos asusta de verdad.
La realidad que nos circunda hoy nos obliga a fortalecernos porque los fantasmas están a la vuelta de la esquina.
Ya me despido.
Nos vemos en la próxima con otras y otros autores.
Gracias por leerme.

Muy buena nota Cristina. Siendo Mariana Enriquez una de mis autoras preferidas, creo que lograste describir de muy buena forma lo que ella quiere comunicar en sus obras.
Excelente nota !!!!
Sinopsis perfecta de lo que la autora quiere plasmar.
Me encantó la nota. Creo que refleja totalmente no sólo tu esencia sino la de Mariana.
Felicitaciones. Siempre es un placer leerte.
Gracias por invitarnos siempre a leer ♡
Muy buena nota, invita a leer
Gracias Cristina!, tu columna me brindo un nuevo espacio literario.
Excelente artículo, Cristina. Se nota tu devoción por el mundo de la lectura. Logras acercar de forma precisa, cristalina y muy sensible el trabajo de la autora. Es un placer leerte.
Nunca pude con Enriquez, intenté, pero no pude con tanto horror… voy a seguir tu recomendación y empezar por Archipiélago! Gracias Cris!
Excelente nota! Me encantó.