Hay pocas experiencias tan mágicas como conocer una ciudad a través de sus museos. Enero en Buenos Aires puede ser una excelente oportunidad para convertirnos en turistas en la ciudad donde trabajamos o vivimos.

Cuando descubrimos pequeños pueblos de la provincia de Buenos Aires, recorremos distintos puntos de la Argentina o viajamos por el mundo, solemos incluir la visita a algún museo. Sin embargo, nos cuesta mucho pensarnos haciendo lo mismo en nuestra propia ciudad: algo así como “en casa de herrero, cuchillo de palo”. A continuación, propongo tres museos para visitar este verano que seguramente vas a poder combinar con un rico mate, una birrita bien fría o una copa de vino al atardecer, justo cuando el calor pierde un poco de intensidad.
Vamos a comenzar por el Museo Nacional de Arte Decorativo. Es una excelente opción para recorrer la Buenos Aires afrancesada de comienzos del siglo XX. El Estado argentino lo incorporó como propiedad en la década del 30, luego de haber pertenecido al chileno Matías Errázuriz Ortúzar y a su esposa, Josefina de Alvear. La estructura del palacio, su emplazamiento en Palermo y su ornamentación reproducen e implementan el estilo francés tan anhelado por la oligarquía argentina. En un parpadeo, dentro del salón de baile, es posible imaginar a algún Luis en tiempos de esplendor de Versalles.
El museo ofrece exhibiciones permanentes y temporarias, y cuenta con un patrimonio muy interesante de objetos de arte decorativo europeos y también orientales. Entre sus piezas se encuentran desde un reloj de bronce que fue regalo de bodas de Luis XVI y María Antonieta hasta un óleo de El Greco y esculturas de Rodin, entre muchas otras obras.

Foto: Museo Nacional de arte decorativo
Recorrer sus salas es también una oportunidad para dimensionar la opulencia de la oligarquía agroexportadora argentina, capaz de convocar al arquitecto francés más reconocido de su época para construir un palacio de esta magnitud, mientras en paralelo proliferaban los conventillos poblados de inmigrantes que se mezclaban con las clases populares argentinas y que definían la vida cotidiana de la mayoría de la ciudad.
El Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, emplazado en Parque Centenario, es un clásico que nunca pasa de moda. Este año, en el que el CONICET nos maravilló con las expediciones al fondo del mar en el cañón de Mar del Plata y con nuevas investigaciones sobre la era cretácica en la Patagonia, contamos con un conocimiento distinto, acompañado por una renovada fascinación por la investigación y los descubrimientos científicos.
En el museo se pueden ver esqueletos de dinosaurios y fósiles, animales marinos, insectos, reptiles, anfibios, plantas y minerales. Es una experiencia muy enriquecedora para todas las personas, especialmente para quienes deciden pasear con niños y niñas, ya que ofrece una alternativa valiosa frente a lo avasallante que puede resultar la tecnología durante las vacaciones. De todas maneras, tecnología y museo también pueden ir de la mano en estos tiempos: después de todo, el streaming del CONICET nos abrió un portal increíble a todos.
Y para cerrar la jornada en Parque Centenario, una vuelta por el lago y un poco de avistaje de aves pueden convertirse en un cierre de paseo perfecto para estirar el día un ratito más.
Si la curiosidad por los museos sigue pidiendo más, propongo una visita al Museo Histórico de Buenos Aires Cornelio de Saavedra, ubicado en el Parque General Paz, en uno de los márgenes de la ciudad. Es un museo muy interesante porque busca representar la vida cotidiana del siglo XIX, especialmente la de la elite, aunque también incluye referencias a las clases populares. Entre sus piezas se destacan peinetones enormes — que hoy no pasarían por ninguna puerta — , divisas punzó, estandartes y banderas rosistas que invitaban a vivar la Santa Federación y a despreciar a los unitarios, por supuesto. También pueden observarse objetos que dan cuenta de los espacios de sociabilidad, así como diversos documentos y acuarelas vinculadas a la guerra contra el Paraguay.
Museo Histórico Cornelio Saavedra
El museo vale la pena porque nos invita a sumergirnos en otro tiempo, uno que, sin embargo, no nos resulta tan ajeno. Muchas veces hay propuestas temáticas temporarias que acompañan a la exhibición permanente, siempre vinculadas a la historia de la ciudad. El entorno del parque también suma y es ideal para planear una salida al atardecer.
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Nada como un paseo en verano, en compañía de uno mismo, con amigos y amigas o en familia; después de todo, siempre es una buena ocasión para nuevas experiencias sin que sea necesario recorrer grandes distancias.

Excelente publicación Ani, como siempre impecable para transmitir lo importante y que el receptor haga una inmersión inmediata como si estuviese ocurriendo en tiempo real. Gracias por compartirlo.
Muy completo, muy interesante el relato sobre estos museos y una oportunidad para conocerlos.
vamoooooo
cuántas cosas tenemos par visitar